Soy incorregible. Y sólo cuando estoy tirada física o emocionalmente me dan ganas de escribir. Bueno, sino también, pero menos. Sobre todo cuando mi estado no es el más adecuado para ser una buena compañía o hacer un mil de los míos en la piscina.
Ha sido un día duro, a pesar de haber pasado la mitad en casa. Es que los días últimamente empiezan demasiado pronto.
Tras salir de la ducha me he quedado mirando el Infinito de mi espalda con detenimiento. Hacía tiempo que no centraba mi atención en él. Por lo general, se me olvida su existencia. El Infinito que para algunos es la cinta de Moebius, que de alguna manera puede que sea lo mismo. Recuerdo mis motivos. Y tengo que sonreir aunque una punzada absurda en el estómago me retumbe en la cabeza.
Mi Infinito es la vida abierta. Las posibilidades sin límite. Es el mar. Es la libertad. La libertad de ser y estar, pensar, sentir.
Es bueno recordarlo de vez en cuando.

¿Cómo puedes olvidar que llevas tatuado en tu espalda una vía de escape?
ResponderEliminarAuer me acordé de ti porque vi varios libros de Bukowski.