27.12.10

G.

Hoy no hay atascos y las calles están semi vacías. Este frío invita a quedarse en casa escondido bajo una manta o un buen abrazo. Hoy no puede ser.

A las 6.55 suena el despertador. Me permito el lujo de retrasarlo 15 minutos, es lo bueno de este periodo de vacaciones: la N-II está desierta y en 35 minutos puedo plantarme en Madrid. Gano casi una hora de sueño.

A las 9.03 estoy en la puerta de la oficina. Aún no ha llegado nadie. Suelo ser la primera y aún no tengo llaves, así que paso el tiempo escuchando música y hablando vía chat desde el Galaxy (¡benditos y salvadores matatiempos smartphones!).

A las 9.17 llega alguien. La oficina huele a cerrado y el frío es casi exagerado. Gas, el gato, está como loco. Tardaremos un par de horas en entrar en calor. Ya mis dedos pueden teclear con normalidad después de agonizar sobre el teclado.

Charlas sin trascendencia sobre el fin de semana y la Navidad. Anécdotas, curiosidades, ... que se transforman en una conversación seria y profunda. Una reflexión en voz alta y compartida. Más que hablar, escucho y observo. Nos emocionamos, tiembla la voz al recordar algunas historias de dolor ajeno. Nos sorprendemos de la fortaleza humana y nos sentimos pequeñas e incluso egoístas por considerar universos a nuestros problemas unicelulares.

Observo, más que nada. Y aprendo de ellas, que más maduras tienen otra experiencia de la vida. Aprecio cómo el paso de esos años que me llevan de ventaja han calado en su personalidad, en su pensamiento y en su forma de vivir. Son distintas, y me pregunto cómo seré yo a los cuarenta. Si viviré en uno de esos felices matrimonios, con hijos que crecen día a día, un trabajo estable, un coche familiar, una casa... Me pregunto si así seré yo. Me pregunto qué es lo que yo quiero ser, dónde quiero estar, cómo y con quién. A los cuarenta, o mañana mismo.

Tengo algunas de esas respuestas. Hoy las tengo pero pueden cambiar, nunca se sabe.

Ante todo aprendo que lo de hoy es lo que importa. Lo más valioso es lo que tengo, pequeñas y gigantes cosas que me hacen feliz. Después de todo, lo demás que a veces querría no es tan importante. Y no es conformismo, es seguir aprendiendo a valorar las cosas, las personas y los momentos.

17.12.10

F.

Es viernes, en casa. Todos mis planes pasan por escribir algo, leer o quizás garabatear algo en carboncillo.
Todos mis planes pasan por sumergirme en canciones que me trasladen a otros mundos, a otras vidas. Quizás inventadas, tal vez soñadas.

Hacía falta una noche como esta. En soledad.


11.12.10

E.

Ayer fue una buena noche, aunque se alargó demasiado. Mi experiencia madrileña con los periodistas pudo haber sido mejor, pero es que todo siempre puede serlo.
Hoy estoy tirada en casa. Sin planes, sin nada que hacer. O mejor, sin ganas de hacer nada.
Le doy vueltas a algunos de los acontecimientos surrealistas de la noche. Y ahora mismo voy a buscar la novela que un extraño me recomendó.

Igual es cierto, y cambia mi forma de ver la vida.
Igual es cierto, y me cambia la forma de ver la vida.
Igual es cierto, y cambia la forma de ver mi vida.

1.12.10

D.

Si es que hoy, aún me quedan mogollón de cosas por hacer....

Tengo que sorprenderme.
Reír, reír y reír hasta no poder más.
Viajar a Nueva York, porque hoy es lo que me apetece.
Leer a Lorca.
Escoger una ciudad donde vivir.
Conocer a mi sobrina, que está a punto de nacer.
Poner el árbol de Navidad.
Volver a casa, y esperar a quien me espera.
Ser y estar.
Aprender.
Soñar despierta.
Escuchar la larga lista de canciones que descargué anoche.
Elegir unos zapatos.
Comprar un coche.
Ir la playa.
Pensar en cómo ha pasado el tiempo...

... o pasar el tiempo viviendo cada instante. Viviendo todo ese mogollón de cosas que aún quedan por vivir.

Hoy tengo ganas de cualquier cosa.

28.11.10

C.

Frío.
Sol.
Mi castillo.
Una seta.
Un cuerno.
Fósiles.
Un puente.
Campo.
Tierra.
Charcos helados.
Boogie.
Mini gatos.
15 grados. O -5. O 26.

Son días como este fin de semana los que dan sentido a las cosas.

23.11.10

B.

Esta noche el mundo es una mierda. Y estoy harta de todo y si pudiese tiraría por la ventana los trozos de cristal que me están rasgando pro dentro. No puedo, asique tengo que tragar eso y lo que venga. Da igual toda la mala hostia que tenga acumulada, porque tiene que quedarse ahí.
Escribir solo es una forma de vomitar en parte este odio irracional y momentáneo hacia el mundo, hacia mí misma por no ser capaz de controlarlo. Esta noche no quiero nada, y lo quiero todo. No quiero lo que tengo, y no puedo alcanzar lo que deseo. Esta noche todo se ha dado la vuelta y el significado de las cosas es sólo una anécdota sin sentido alguno.
Quiero llorar de rabia, de impotencia, de cansancio, de decepciones acumuladas, de frustración, quiero llorar sobre el tiempo que me falta y las ganas que me sobran para alcanzarlo todo. Quiero patear los relojes y pisotear las volutnades que me hacen tropezar.
Quiero suicidar este malestar, estos ojos vidriosos y mejillas acaloradas de pura pasión mailformada. Esta noche podría dar el gran salto para acabar en lo más profundo de cualquier pozo sin fondo.

Solo esta noche, claro. Y ahora me siento un poco mejor.

17.11.10

Inf.

Soy incorregible. Y sólo cuando estoy tirada física o emocionalmente me dan ganas de escribir. Bueno, sino también, pero menos. Sobre todo cuando mi estado no es el más adecuado para ser una buena compañía o hacer un mil de los míos en la piscina.
Ha sido un día duro, a pesar de haber pasado la mitad en casa. Es que los días últimamente empiezan demasiado pronto.

Tras salir de la ducha me he quedado mirando el Infinito de mi espalda con detenimiento. Hacía tiempo que no centraba mi atención en él. Por lo general, se me olvida su existencia. El Infinito que para algunos es la cinta de Moebius, que de alguna manera puede que sea lo mismo. Recuerdo mis motivos. Y tengo que sonreir aunque una punzada absurda en el estómago me retumbe en la cabeza.

Mi Infinito es la vida abierta. Las posibilidades sin límite. Es el mar. Es la libertad. La libertad de ser y estar, pensar, sentir.


Es bueno recordarlo de vez en cuando.

14.11.10

Inepta tecnológica

No me consideraba especialmente inútil con las nuevas tecnologías. De hecho, soy una autodidacta al respecto y muchas veces, muchas cosas, no se me dan nada mal... Hasta hoy, claro.
Después de casi seis años compartiendo momentos y momentazos con mi viejo Sony Ericcson -inlcuido un baño nocturno en la playa una preciosa noche de verano-, ayer decidí que iba siendo hora de darme el caprichito tecnológico del año (en ocasiones anteriores: pc, una reflex, mi notebook...). Conseguí ayer el Samsung Galaxy S.
Armándome de paciencia y llevando hasta el final de mis límites la incertidumbre, hasta la noche no metí la SIM en el nuevo aparato. Desde entonces hasta hoy a eso de las 17.00 he sido feliz, feliz con mi nuevo móvil. Cinco minutos más tarde, él había decidido bloquearse para siempre.

Parte error mío, y parte (la del consuelo), fallo técnico ocasional de este modelo. Snif.

Ahora a ver qué pasa... seguiré con mi viejo amigo de momento, aunque deseando siempre recuperar al que tan poco tiempo estuvo a mi lado.

13.11.10

9.

Hay días con vocación de complicados. Días que son una verdadera basura, en los que dan ganas de tirarlo todo por la ventana y comenzar de cero. Cómo si eso fuese tan fácil. Días estúpidos que deberían morir casi antes de comenzar.

Hay días de esos, y días de lo contrario.

Por suerte, los días buenos eclipsan a esos otros que empañan la mirada. Y después de todo, y aún sabiendo bien alguna de estas cosas, tengo que esperar a un sábado por la tarde, a estas horas y en determinadas circustancias, para darme cuenta de lo afortunada que soy por las personas que tengo a mi lado, y por todo lo que tengo. Eso sí es lo importate.

Que se empañen las miradas, pero de felicidad.

Suena triste, porque el tiempo y yo estamos nublados: http://www.youtube.com/watch?v=IXdNnw99-Ic

11.11.10

A.

Después de otro largo día, reencontrarme con una canción puede llegar a ser la mejor recompensa de la jornada, los tres minutos más sencillos. Los únicos 180 segundos de desconexión -ya que los sueños últimamente tampoco me dan tregua.
Gracias Quique por volver a mí, por tus canciones maravillosas que, de dos en dos y tras una buena selección, (casi) empujan al suicidio.

10.11.10

Frágil.


Hoy necesitaba una canción como esta para terminar de atardecer el día, atardecer que comenzó hace tanto. Después de horas y horas fuera de casa, volver a estas cuatro paredes es casi una liberación. Un lugar que ya no es siempre mi sitio, porque mi sitio he de encontrarlo en cada rincón por el que piso.

En cada trayecto me acompañan las letras, esas historias con las que olvidarme de la realidad y sumergirme en delirios ajenos. A veces son libros, y otras mis propios pensamientos. Las mismas historias que cruzo y entrelazo en mi mente, imagen a imagen, palabra por palabra.. esas historias que me gustaría escribir un día pero que pierden toda su conexión si intento teclearlas.
Son historias que se escapan. todas las historias que en mi vida se han escapado. La vida misma que a veces es una historia que se escapa de las manos, como el agua que se escurre entre los dedos, como esa imagen veloz que cruza ante una mirada frágil.

A veces, tan sólo quisiera ser capaz de parar el torbellino de ideas que continuamente circulan por mi cabeza. Un minuto de silencio cerebral. Tan solo 30 segundos en los que no pensar en nada ni nadie, media vuelta de manecillas en las que parar el sentido y la sensibilidad... un par de latidos en los que nada importe.

8.11.10

Mi otoño.

Creo que hoy ha sido el verdadero primer día de otoño. A las 7 de la mañana hacía frio. También a las 14.30. Y a las 19.45, y más aún a las 22.15. Viento, ráfagas de viento con lluvia, viento de remolinos, viento que me ha despejado la cabeza y viento que me ha traído besos voladores. Besos que han venido a estamparse en mis labios.
Las tardes en la facultad tienen algo diferente, la locura del absurdo que se refleja en las pupilas, las risas y sonrisas nerviosas y contagiosas. Es eso, otro espíritu.
Ha sido un buen día. Un día completo entre idas de cabeza, pelos de gato, remolinos de hojas amarillas, anotaciones al margen y calor en el alma y la mirada.
Después de todo... qué me importa a mí el frío de afuera.


No podía ser otra canción hoy: http://www.youtube.com/watch?v=rwkOjlOcJUs

6.11.10

De 0

Quizás no tanto como antes. Pero aún sí. Todavía tengo esas ganas de escribir. Esa necesidad de vomitar palabras y extraer de mis venas las sensaciones, los sentimientos, los sueños, las ensoñaciones, mis frustraciones... Todo eso que sólo en letras me deja respirar.
No puedo definir una declaración de intenciones. Porque no existe. Iremos viendo en qué acaba todo esto.

Antes eran sueños locos. Hoy son sueños locos.
Antes tenía miedo del infinito. Hoy lo llevo tatuado en mi espalda.
Antes, hoy y siempre.