No me consideraba especialmente inútil con las nuevas tecnologías. De hecho, soy una autodidacta al respecto y muchas veces, muchas cosas, no se me dan nada mal... Hasta hoy, claro.
Después de casi seis años compartiendo momentos y momentazos con mi viejo Sony Ericcson -inlcuido un baño nocturno en la playa una preciosa noche de verano-, ayer decidí que iba siendo hora de darme el caprichito tecnológico del año (en ocasiones anteriores: pc, una reflex, mi notebook...). Conseguí ayer el Samsung Galaxy S.
Armándome de paciencia y llevando hasta el final de mis límites la incertidumbre, hasta la noche no metí la SIM en el nuevo aparato. Desde entonces hasta hoy a eso de las 17.00 he sido feliz, feliz con mi nuevo móvil. Cinco minutos más tarde, él había decidido bloquearse para siempre.
Parte error mío, y parte (la del consuelo), fallo técnico ocasional de este modelo. Snif.
Ahora a ver qué pasa... seguiré con mi viejo amigo de momento, aunque deseando siempre recuperar al que tan poco tiempo estuvo a mi lado.
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