20.1.11

N.

Viene y va, este frío. Me pesa la semana. Me arrastran los madrugones. Me hipnotiza este sol de invierno que ahora viene por mi izquierda y me guiña un ojo.

Es día 20. Y siempre me gustan. Pero es que además, un día 20 de hace un mes hubo un eclipse. Y justo hoy brillaba la luna llena, que más entera todavía me dejará ojiplática esta noche. Es magia. Y ella es magia. Empezó a revolverse por la noche, las ganas de mundo y de vida. Es tan pequeña que no se da cuenta de casi nada, o al menos se hace mucho la tonta cuando se nos cae la baba, escucha nuestras tonterías y la cubrimos de besos. Hace como que no se da cuenta, pero lo sabe. 

Es mágica. La luna y nuestra Noa.

La luna y el sol enfrentados aquella noche, o aquella mañana. O ese siempre. Desde cerca casi nunca, desde tan lejos cada día y con cada velo de nubes y estrellas. El sol y la luna, que están dentro de ella. Por eso brilla cuando abre los ojos. Por eso irradia luz cuando los cierra y se queda quieta, muy quieta. Por eso desprende esa energía blanca que llega a cualquiera, a cualquiera que preste atención tan solo un segundo.

Por la luna y el sol. Por el sol y la luna. Por eso es mágica Noa, una estrella fuerte y brillante. Toda ella es luz. Siempre tan grande, tan gigante... aunque de momento tan pequeña.

16.1.11

I.

Por razones ajenas a mi consciencia, esta canción ha vuelto a mi cabeza.
Sin saber cómo. Sin saber por qué.

http://www.youtube.com/watch?v=IXdNnw99-Ic

Me pone desde siempre. Desde siempre está en mi lista de CANCIONES.

4.1.11

H.

Empezar el año sin notar que sumamos uno más. Pasar las vacaciones de Navidad sin casi apreciar que han sido. Vivir cada momento como si no fuesen irrepetibles.

Mi 2010 fue gigante por un montón de cosas. Y si empezó mal, con el tiempo se puso de lo más bonito. Tanto, tanto, que hasta me da vértigo pensar en ello.

2011 sin propósitos que no sean los de siempre, los de cada día.

Vivir.
Vivir.
Y vivir cada instante porque son irrepetibles.

27.12.10

G.

Hoy no hay atascos y las calles están semi vacías. Este frío invita a quedarse en casa escondido bajo una manta o un buen abrazo. Hoy no puede ser.

A las 6.55 suena el despertador. Me permito el lujo de retrasarlo 15 minutos, es lo bueno de este periodo de vacaciones: la N-II está desierta y en 35 minutos puedo plantarme en Madrid. Gano casi una hora de sueño.

A las 9.03 estoy en la puerta de la oficina. Aún no ha llegado nadie. Suelo ser la primera y aún no tengo llaves, así que paso el tiempo escuchando música y hablando vía chat desde el Galaxy (¡benditos y salvadores matatiempos smartphones!).

A las 9.17 llega alguien. La oficina huele a cerrado y el frío es casi exagerado. Gas, el gato, está como loco. Tardaremos un par de horas en entrar en calor. Ya mis dedos pueden teclear con normalidad después de agonizar sobre el teclado.

Charlas sin trascendencia sobre el fin de semana y la Navidad. Anécdotas, curiosidades, ... que se transforman en una conversación seria y profunda. Una reflexión en voz alta y compartida. Más que hablar, escucho y observo. Nos emocionamos, tiembla la voz al recordar algunas historias de dolor ajeno. Nos sorprendemos de la fortaleza humana y nos sentimos pequeñas e incluso egoístas por considerar universos a nuestros problemas unicelulares.

Observo, más que nada. Y aprendo de ellas, que más maduras tienen otra experiencia de la vida. Aprecio cómo el paso de esos años que me llevan de ventaja han calado en su personalidad, en su pensamiento y en su forma de vivir. Son distintas, y me pregunto cómo seré yo a los cuarenta. Si viviré en uno de esos felices matrimonios, con hijos que crecen día a día, un trabajo estable, un coche familiar, una casa... Me pregunto si así seré yo. Me pregunto qué es lo que yo quiero ser, dónde quiero estar, cómo y con quién. A los cuarenta, o mañana mismo.

Tengo algunas de esas respuestas. Hoy las tengo pero pueden cambiar, nunca se sabe.

Ante todo aprendo que lo de hoy es lo que importa. Lo más valioso es lo que tengo, pequeñas y gigantes cosas que me hacen feliz. Después de todo, lo demás que a veces querría no es tan importante. Y no es conformismo, es seguir aprendiendo a valorar las cosas, las personas y los momentos.

17.12.10

F.

Es viernes, en casa. Todos mis planes pasan por escribir algo, leer o quizás garabatear algo en carboncillo.
Todos mis planes pasan por sumergirme en canciones que me trasladen a otros mundos, a otras vidas. Quizás inventadas, tal vez soñadas.

Hacía falta una noche como esta. En soledad.


11.12.10

E.

Ayer fue una buena noche, aunque se alargó demasiado. Mi experiencia madrileña con los periodistas pudo haber sido mejor, pero es que todo siempre puede serlo.
Hoy estoy tirada en casa. Sin planes, sin nada que hacer. O mejor, sin ganas de hacer nada.
Le doy vueltas a algunos de los acontecimientos surrealistas de la noche. Y ahora mismo voy a buscar la novela que un extraño me recomendó.

Igual es cierto, y cambia mi forma de ver la vida.
Igual es cierto, y me cambia la forma de ver la vida.
Igual es cierto, y cambia la forma de ver mi vida.

1.12.10

D.

Si es que hoy, aún me quedan mogollón de cosas por hacer....

Tengo que sorprenderme.
Reír, reír y reír hasta no poder más.
Viajar a Nueva York, porque hoy es lo que me apetece.
Leer a Lorca.
Escoger una ciudad donde vivir.
Conocer a mi sobrina, que está a punto de nacer.
Poner el árbol de Navidad.
Volver a casa, y esperar a quien me espera.
Ser y estar.
Aprender.
Soñar despierta.
Escuchar la larga lista de canciones que descargué anoche.
Elegir unos zapatos.
Comprar un coche.
Ir la playa.
Pensar en cómo ha pasado el tiempo...

... o pasar el tiempo viviendo cada instante. Viviendo todo ese mogollón de cosas que aún quedan por vivir.

Hoy tengo ganas de cualquier cosa.